“Si la ciudad habla de derrota, destrucción, privación, melancolía y pobreza, el Bósforo canta sobre la vida, el placer y la felicidad”. Orhan Pamuk
Estambul es la ciudad de los contrastes, la ciudad de las mil Mezquitas, donde un bosque de minaretes conforma su horizonte; donde la belleza y la fealdad se dan la mano, creando una sinfonía de colores que vas descubriendo a tu paso.
Por la mañana, acudíamos presurosos a la terraza del hotel, para degustar su exótico desayuno, contemplar los minaretes delgados y limpios de la Mezquita Azul y Santa Sofía y escuchar al muecín llamando a los fieles a la oración, con una voz que repercutía en los alminares.
El primer día nos quedamos admirados por el ambiente que se ofrecía a nuestro alrededor. Se acercaban a nosotros jóvenes y ancianos para ofrecernos alfombras, libros, cualquier cosa que pudiéramos imaginar. Hablaban español con mucha soltura y mantenían una conversación muy agradable. Nos preguntaban por la familia, por programas televisivos, por equipos de fútbol… y así el contacto quedaba establecido.
Nos ofrecieron una pequeña guía de Estambul por la irrisoria cantidad de 10 euros, pero ¿cómo deshacerte de personas tan amables y sobre todo, cómo decirles que no?
De improviso, un anciano se tiró a los pies de Rafael, se abalanzó sobre su pierna y, agarrándola con decisión, le dijo:
—Señor, yo limpiar zapatos.
—No gracias, están limpios.
El anciano seguía aferrado a su pie.
—Señor, perdone yo hacer gratis –le dijo irritado
—¡Qué amable! –exclamé.
Rafael cedió. El limpiabotas sacó un botecito de betún, de una preciosa caja de madera muy ornamentada, recubierta de latón y otros adornos, y sus zapatos quedaron relucientes.
Al terminar, nos miró con rostro severo y dijo: tengo un hijo enfermo en el hospital.
Rafael sacó cinco euros y se los puso en la mano. El turco le lanzó una mirada airada: son 15 euros.
—Dáselos sin discutir –le susurré a Rafael– (noté su tensión y sus ganas de increparle).
Visitamos La Mezquita Azul y Santa Sofía. Las lámparas refulgían y las alfombras mitigaban el sonido de los pasos, los fieles rezaban, el silencio era absoluto.
El Palacio Dolmabahce: catorce toneladas de oro en sus techos, arañas de cristal de Bohemia y Baccarat, alfombras de Hereke, maderas nobles. El lujo se percibía en cada uno de sus rincones.
Toda esta riqueza contrastaba con la pobreza de los suburbios, las casas, los comerciantes con sus míseras tiendas, los niños en las calles y sus juguetes rotos…, nos hacían recordar los tiempos de nuestra niñez. Estambul estaba anclado en una época ya lejana en Europa.
Visitamos los bazares: El Bazar Egipcio, El Gran Bazar donde las especias se mezclaban aromatizando el ambiente. El bullicio, la textura de las sedas, las alfombras y los tapices de intenso colorido, llegaban a producirnos una sensación de vértigo.
Al llegar la noche, al lado de la Mezquita Azul, encontramos una pintoresca terraza, donde los derviches danzaban girando sobre sus pies en un estado hipnótico, que les proporcionaba paz y sosiego.
El dueño se acercaba a nosotros ofreciéndonos delicias turcas y un narguile con esencia de frutas. Mientras fumábamos, hablábamos con él.
—Les recomiendo visitar el Café de Pierre Loti. Cuentan que el escritor acudía al café para inspirarse. Aprovechen para degustar su delicioso té turco.
Si les da tiempo, aunque pilla un poco alejado, no dejen de ver el Hotel Pera Palas. Allí pasaban largas temporadas: Agatha Christie, Greta Garbo o Mata-Hari.
Entrada la noche, de vuelta al hotel, saqué la cámara para fotografiar La Mezquita Azul, que resplandecía sobre un fondo de cielo oscuro.
Un transeunte pasó rápido a nuestro lado, y musitó: —¡Tengan cuidado viene un grupo de rateros! Le dimos las gracias, y aligeramos el paso.
Al cabo de una semana, abandonamos Estambul, llevando con nosotros sus colores, sus aromas y sus radiantes puestas de sol.
Que buenos recuerdos de un viaje a una ciudad luminosa llena de contrastes. Me ha parecido volver a recorrer sus palacios, calles y bazares. Un saludo
Qué bueno que te haya traído recuerdos de un viaje pasado..
Un abrazo
Me apunto la ciudad en mi Agenda de “pendientes” y guardo tu encantadora crónica en el almacén de memoria pertinente.
Si alguna vez piso esas calles,lo abriré y me acordaré de este post (y de que un limpiabotas turco, cobra 15€ ; – )
Besos .
Si lo apuntas en tu agenda de pendientes, no anotes también que los limpiabotas cobran 15 euros, fue un timo como el de la pequeña guía de Estambul. Hay que estar avispado y no caer en estas trampas en las que caemos los ingenuos turistas (como nosotros).
Un abrazo
Una pequeña broma: Veo vuestra foto en Estambul, y leo “donde la belleza y la fealdad se dan la mano”.
Una vez estuve a punto de ir a Estambul, pero al final no salió. Y me encantaría, creo que tiene que ser toda una experiencia. Nos has mostrado un álbum de fotos, una en cada párrafo.
Saludos.
Una pequeña pero graciosa broma.
Si se te brinda otra oportunidad, no la desperdicies, le sacarías mucho provecho, en tu faceta de escritor, a una ciudad como Estambul.
Un abrazo
No lo conozco, como casi nada, pero me apetece ir y llevo tiempo queriendo leer a Pamuk. Visitaría, sin duda, el Hotel Pera Palas.
Si puedes leer a Orhan Pamuk no te lo pierdas, disfrutarás con su lectura.
Destinos tan lejanos para nosotros¡ Que bueno leer tu experiencia allí en esas tierras legendarias…
Un beso y saludos para todos…
C.
Todos son destinos lejanos, pero no dudo que algún día conoceré tú fantástica Argentina.
Un fuerte abrazo.
Buena crónica de una ciudad con tanta historia como Estambul confluencia de civilizaciones.
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Me gustaría visitarla y lo haré.
Un Fuerte Abrazo
Gracias Joaquín. No dudes que si vas a visitarla no te defraudará.
Un fuerte abrazo
Qué hermoso lo cuentas Mechita, los contrastes los perfilas con excelencia. gracias por tu crónica… me voy veré a tu tocaya que recien llega, le llevaré hierbas y frutas que es lo que le gusta, además de pan… beso grande Rub
Si mi contestación, llega a tiempo, dale de mi parte a mi tocaya, muchos besos y abrazos.
Otro grande para ti
¡YO quiero ir! Me encanta cómo cuentas tus anécdotas de viajes. Un beso
Pues si te lo propones irás, seguro.
Gracias y un fuerte abrazo
Por lo que cuentas , me parece una ciudad difícil, en muchos sentidos. Creo que aprovechas muy bien tus viajes, porque no creas que has viajado sola con tu marido, yo estuve por ahí con ustedes, y ya sé donde comprar en El Gran Bazaar, eso sí fuí sin zapatos, por las dudas.
Espléndida la foto de los viajeros.
Un abrazo.
Hasta pronto.
Ya me parecía a mí notar una presencia a nuestro lado.
No creas que es una ciudad difícil, es que la gente necesita vender y si eres un ingenuo, como es nuestro caso, ellos se dan cuenta y lo aprovechan. Lo entiendo.
Un fuerte abrazo
Verdaderamente, fue un viaje bien aprovechado. Recuerdo que teníamos que ir con los ojos bajos, mirando los artículos, porque en cuanto les mirabas, ya eras abducido.
Te quiere
Cierto, como se te ocurriera mirar estabas perdido.
Yo también, te quiero.
Vaya… sin duda el episodio con el limpia zapatos tuvo que ser muy incómodo. Bastante caradura el tipo…
Veo que tienes mucho mundo, Mercedes. Me gusta leer tus viajes, y experimentarlos en mi mente
Un carota en toda regla.
Mucho mundo, no, si acaso “mundillo”
Muchas gracias por tus palabras.
Que bonito viaje. Un beso.
Gracias Susana
Una buena cronica del viaje, como todas las que comentas .
Saludos
Gracias Cris por tus agradables palabras.
Un abrazo
Linda ciudad, linda crónica, linda foto y sin duda, lindos los participantes de la foto y la crónica.
Abrazo
Me alegra Ericka de que todo te parezca tan lindo.
Un fuerte abrazo.
Con tu relato de viaje me trasladé a esa tierra lejana para uno y, tan cerca como la describes. saludos
Seguro que a ti, te gustaría descubrirla.
Un abrazo
Me ha encantado, como siempre, vuestra experiencia, aunque yo, como Rafael, unas cuantas cosas le hubiera soltado al limpiador de zapatos.
Sé que es una cuestión de supervivencia, pero también me disgusta que actuemos así aquí con los turistas…
Un fuerte abrazo!
Tienes razón pero, como íbamos de vacaciones, enzarzarse en discusiones era un rollo, lo mejor aprender y no ser tan tontos.
Lo que hacemos aquí, te aseguro que no tiene comparación, con lo de allí.
Un abrazote, Mens
Me llamo la atención la Mezquita Azul, que mencionas, debe ser bella, al igual que todos los lugares. Sabes, algunos antes de viajar suelen leer aquellos libros que te narran sobre las costumbres de la ciudad, por mi parte, aprecio que nos cuentes como les fue. Para mi que poco he viajado es una tesoro.
Un abrazo.
Te aseguro que nosotros los leemos pero, cuando te topas con la situación, te quedas bloqueado, no sabes como reaccionar, y montar una trifulca no es la solución.
Mejor hacer algo que ellos decían: “Vive y deja vivir” eso significaba “déjanos que te timemos” ja, ja, ja.
Un fuerte abrazo
Yo hice un viaje muy parecido
Estambul me pareció preciosa en todos los sentidos, aunque los vendedores tras siete días, llegaban a resultar un poco irritantes.
Bastante irritantes, desde luego, y, por cierto… ¿cuando viajaste a Estambul?
¡Cuánto me gusta viajar contigo, Mercedes!
Describes lo esencial y las anécdotas de tal manera que parece estar viviendo tus propias aventuras
Me está saliendo mejor de precio el leerte, que los viajes llamados de “vuelos baratos” jejeje
¡Una delicia, en serio!, muchísimos besitos!!
Gracias, gracias y más gracias por tus comentarios Emy. Para mí es una delicia que visites mi blog.
A ti, y a toda tu familia
http://img5.dreamies.de/img/402/b/f4dryuw7vud.jpg
¡MUA MUA MUA!
Esa figurita, la pongo todos los años, para estas fiestas, sobre el mueble del comedor, así que te he dejado un trocito de mi casita, emperifollada con photoshop
Te devuelvo muchos besitos y muchos abrazos para ti y todos los tuyos.
Gracias por la figurita, eres un cielo de verdad de la buena.
Besitos
Muy bonito tu relato, reflejas bien la decadencia del gran imperio otomano, el detalle de la necesidad y miseria que ves, que te recuerda lo que nos paso aquí no hace tantos años me agrada, hay quién se olvida.
Un abrazo.
Es cierto y deberíamos recordar, aunque me da la impresión que, por desgracia, se van a encargar de recordárnoslo.
Un fuerte abrazo
Muy buena descripción de Estambul, me hubiera gustado verte con el impiador de zapatos!!!
Besitos
Claro que te hubiera gustado verlo y pagarle te hubiera hecho mucha más ilusión.
Besitos
Bonito relato viajero… lo que cuentas es muy frecuente en los países donde la superviviencia es algo cotidiano, como en Latinoamérica, desarrollamos una picardía que con frecuencia se manifiesta en detrimento de los demás.
Un abrazo!!
Ya lo he comentado antes, pero es algo que comprendo, porque la supervivencia no es fácil y necesitas recurrir a todo.
¿Qué haríamos nosotros si nos encontráramos en determinadas circunstancias?
Un fuerte abrazo
P.D. Ya no me llamas Mer, lo echo de menos
Un abrazo Mer!!!
Gracias cariño, eres un cielo.
Besitos
ReDios qué bien contado!! Impresionante la escena del limpiabotas. Me recuerda a algún pasaje para olvidar en mi primer viaje por el mundo árabe, en Túnez.
Estambul es una de las poquitas ciudades que siguen en mi lista de pendientes de ver!!
Beszos.
Merece la pena verla, es maravillosa. Lo importante estar con los ojos abiertos y no dejar que hablen mucho, porque si no te convencen.